Para abogados, asesores fiscales y procuradores

Estas herramientas las hice para mi propio despacho.

No salieron de una reunión de producto ni de un estudio de mercado. Salieron de tramitar herencias y de ver, expediente tras expediente, que el problema casi nunca era jurídico ni fiscal: era administrativo. Las construí porque las necesitaba. Y funcionan porque las uso todos los días.

A
Ángel Seisdedos GaviraAbogado del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla · colegiado 15891
Cómo llegamos hasta aquí

Tres problemas que me tocó sufrir antes de resolverlos

El primero

Una herencia no es difícil. Es larga.

Veinte gestiones pequeñas, cada una con su ventanilla y su espera: defunción, últimas voluntades, seguros, notas simples, saldos, el 650, la plusvalía de cada ayuntamiento, la notaría, el registro. Ninguna tiene mérito jurídico y todas consumen horas. Con diez o veinte expedientes abiertos a la vez, el despacho se convierte en una oficina de gestoría, y facturas a precio de asunto pequeño un trabajo que se ha comido semanas.

Así nació Sucesio
El segundo

¿Y si el que falta soy yo?

Un compañero fallece o cae enfermo de golpe y sus clientes se quedan con plazos corriendo que nadie conoce, un ordenador bloqueado y una familia que no sabe ni por dónde empezar. El Colegio interviene, sí, pero llega tarde y a ciegas. Empecé a darle vueltas con el Colegio de Abogados de Sevilla, y lo primero que hice fue preparar mi propio relevo.

Así nació Relevo
El tercero

«¿Cómo va lo mío?»

No hay pregunta que se odie más en un despacho. Y lo peor es que el cliente tiene toda la razón en hacerla: nadie le está contando nada. Llama un hermano, a los dos días llama el otro, y ninguno sabe lo que ya le explicaste al primero. Cada llamada te pilla metido en otro asunto, y volver a donde estabas cuesta más que la llamada.

Pero el daño de verdad no es el tiempo, que además no facturas: es que acabas con un cliente descontento de un trabajo que estás haciendo bien. El silencio se lee como abandono. Nadie valora lo que no ve.

Cuando el heredero puede entrar y ver por dónde va lo suyo, esa llamada desaparece. Y la que hace, es la que de verdad importa.

Así nació Oficina Hereditaria

«El despacho creció con estas herramientas. No al revés.»

Lo que uso cada día

Ahora están abiertas a compañeros. Sin promesas raras: son lo que hay, funcionando en un despacho real.

Abogados y procuradores

Relevo

Inventario de tus asuntos, verificación periódica de que estás bien y relevo a un compañero que aceptó el encargo por adelantado.

En mi despacho: lo tengo activo con mis propios asuntos. Si un día no contesto, mi compañera recibe el informe.
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Despachos, asesorías fiscales y gestorías

Sucesio

Subes la documentación y el expediente se monta solo: detecta lo que falta, ordena los trámites, calcula la fiscalidad y prepara el cuaderno.

En mi despacho: es donde llevo las herencias. Lo que antes eran semanas de gestión ahora empieza el primer día con el diagnóstico hecho.
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La cara hacia la familia

Oficina Hereditaria

Tus clientes siguen su expediente y aportan documentación desde un enlace, con la marca de tu despacho. Tú sigues siendo su interlocutor.

En mi despacho: las llamadas de «¿cómo va lo mío?» han desaparecido casi del todo. Y los clientes están más contentos, no menos.
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¿Por qué se lo abro a compañeros?

Por una razón práctica: un despacho solo no puede pagarse un desarrollo a medida y mantenerlo actualizado año tras año. Repartido entre varios, sí. Y porque el problema es exactamente el mismo en todos los despachos que llevan sucesiones — no he conocido ninguno al que no se le coman las horas.

Lo que no vas a encontrar aquí: promesas de automatizarlo todo, plazos inventados, ni una herramienta que decida por ti. La inteligencia artificial propone y tú validas; la responsabilidad profesional sigue siendo tuya, como debe ser.