No salieron de una reunión de producto ni de un estudio de mercado. Salieron de tramitar herencias y de ver, expediente tras expediente, que el problema casi nunca era jurídico ni fiscal: era administrativo. Las construí porque las necesitaba. Y funcionan porque las uso todos los días.
Veinte gestiones pequeñas, cada una con su ventanilla y su espera: defunción, últimas voluntades, seguros, notas simples, saldos, el 650, la plusvalía de cada ayuntamiento, la notaría, el registro. Ninguna tiene mérito jurídico y todas consumen horas. Con diez o veinte expedientes abiertos a la vez, el despacho se convierte en una oficina de gestoría, y facturas a precio de asunto pequeño un trabajo que se ha comido semanas.
Así nació SucesioUn compañero fallece o cae enfermo de golpe y sus clientes se quedan con plazos corriendo que nadie conoce, un ordenador bloqueado y una familia que no sabe ni por dónde empezar. El Colegio interviene, sí, pero llega tarde y a ciegas. Empecé a darle vueltas con el Colegio de Abogados de Sevilla, y lo primero que hice fue preparar mi propio relevo.
Así nació Relevo«¿Cómo va lo mío?»
No hay pregunta que se odie más en un despacho. Y lo peor es que el cliente tiene toda la razón en hacerla: nadie le está contando nada. Llama un hermano, a los dos días llama el otro, y ninguno sabe lo que ya le explicaste al primero. Cada llamada te pilla metido en otro asunto, y volver a donde estabas cuesta más que la llamada.
Pero el daño de verdad no es el tiempo, que además no facturas: es que acabas con un cliente descontento de un trabajo que estás haciendo bien. El silencio se lee como abandono. Nadie valora lo que no ve.
Cuando el heredero puede entrar y ver por dónde va lo suyo, esa llamada desaparece. Y la que hace, es la que de verdad importa.
Así nació Oficina Hereditaria«El despacho creció con estas herramientas. No al revés.»
Ahora están abiertas a compañeros. Sin promesas raras: son lo que hay, funcionando en un despacho real.
Inventario de tus asuntos, verificación periódica de que estás bien y relevo a un compañero que aceptó el encargo por adelantado.
Subes la documentación y el expediente se monta solo: detecta lo que falta, ordena los trámites, calcula la fiscalidad y prepara el cuaderno.
Tus clientes siguen su expediente y aportan documentación desde un enlace, con la marca de tu despacho. Tú sigues siendo su interlocutor.
Por una razón práctica: un despacho solo no puede pagarse un desarrollo a medida y mantenerlo actualizado año tras año. Repartido entre varios, sí. Y porque el problema es exactamente el mismo en todos los despachos que llevan sucesiones — no he conocido ninguno al que no se le coman las horas.